Una de las características que más anuncian los fabricantes cuando lanzan una nueva cámara es el número de fotos que puede hacer en modo ráfaga. Igual que sucede con la escalada de los megapíxeles, las cámaras parecen estar en una competición que recuerda un poco a la clásica frase del circo: «Y ahora… más difícil todavía» y zass, ¡cinco fotos por segundo!, ¡no diez!, ¡no veinte!

Y muchos usuarios acuden a comprar sus nuevas cámaras sin tener bien claro para que narices necesitan que su cámara haga tantas fotos por segundo. Todavía recuerdo cuando compré mi primera cámara con motor para el bobinado del carrete que permitía hacer hasta 5 fotos por segundo. Con mi inexperiencia me cepillé un carrete de 36 fotos en menos de 3 minutos. El resultado, pagar el revelado de 36 fotos prácticamente idénticas. En aquel momento, mi presupuesto andaba algo escaso y de aquello aprendí que las ráfagas no son un juguete 😉

Años después, con cámaras digitales en las que me cuesta lo mismo hacer 8 que 80 fotos sigo pensando lo mismo. Las ráfagas no son un juguete. Si embargo bien utilizadas son de gran utilidad. Más útiles de lo que muchos usuarios puedan imaginar.

¿Para qué utilizar las ráfagas?

La utilidad más inmediata e intuitiva de las ráfagas es la de hacer una serie de fotos en las ocasiones en las que el sujeto se mueve con velocidad de forma que aumentemos las posibilidades de conseguir una buena toma. Eventos deportivos, escenas infantiles o animales en movimiento son situaciones en las que cuanto más rápida sea la cámara, disparando y enfocando, mayor la probabilidad de conseguir una buena foto.

Sin embargo no terminan ahí las posibilidades que ofrece una buena ráfaga. Junto con el ahorquillado, una ráfaga rápida nos puede servir también para conseguir la foto perfecta cuando tengamos dudas de la exposición correcta o el mejor balance de blancos.

Pero el motivo de escribir este artículo es en realidad hablar de las posibilidades que ofrece el disparo en ráfaga si lo combinamos con la edición posterior ayudados de una aplicación como Photoshop o similar. En ese caso, las posibilidades aumentan.

Un disparo en ráfaga nos permite hacer fotomontajes en secuencia. La técnica consiste en colocar por capas distintas fotos en las que el sujeto aparece varias veces en distintas posiciones. A partir de ahí, borrando de cada capa una parte conseguimos una foto en la que se ve al sujeto desarrollando el movimiento.

rafaga

También podemos utilizar la función de ráfaga junto con la edición en photoshop para crear fotografías en HDR. Por supuesto que si disponemos de un trípode podemos hacer fotografías de forma secuencial tomándonos nuestro tiempo para crear un HDR si variamos la exposición en cada una de ellas con respecto a la anterior. Sin embargo, si no disponemos de trípode, podemos conseguir hacer lo mismo si nuestra cámara dispone de una buena velocidad en ráfaga. De esta forma, aunque la posición entre cada foto no sea idéntica, si será lo suficientemente cercana como para que la función de alineación de Photoshop nos permita conseguir un HDR perfecto.

opciones de fusion

Utilizando esta misma teoría, algunas cámaras ofrecen la función de fotografía nocturna con bajo nivel de ruido. Para ello lo que hacen es alinear las imágenes tomadas en una ráfaga y posteriormente analizar en que coinciden y en que se diferencian. Toda la información que sea igual (una vez alineadas) es la información válida. Lo que no coincida será el ruido que la cámara eliminará haciendo una media de los valores de las distintas tomas.

Parte dos

@contracox